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Rosa Parks escribe a Javier Rodríguez para contarle la ejemplar historia de la misionera Paciencia

La misionera Paciencia muestra el documento que certifica que ya no tiene Ébola

La misionera Paciencia muestra el documento que certifica que ya no tiene Ébola

A Javier Rodríguez:

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Me piden tus conciudadanos, aquellos a quien deberías servir, que, dado que te falta valor o capacidad de autocrítica o valor para ceder tu puesto, al menos te enteres de que tenéis por vuestras calles a alguien tan singular como ejemplar: la Hermana Paciencia.

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Paciencia Melgar es una misionera que se curó de la enfermedad de Ébola en el mes pasado, tras contraerla en el Hospital San José de Monrovia en Liberia. Su contagio fue muy próximo en el tiempo al del hermano Miguel Pajares, misionero español, repatriado y muerto en España, que fue atendido por Teresa Romero. Hoy Teresa está siendo tratada, entre otras cosas, con “suero convaleciente” donado por la hermana Paciencia. (¡¡¡¡Ánimo, Teresa, vas a salir adelante!!! ¡¡No tenemos ninguna gana de verte pronto por aquí arriba!!).

Paciencia estaba prácticamente desahuciada. Eso es lo que me ha dicho Miguel, que se temió cuando tuvo que dejarla atrás, en Liberia. Me contaba, no sin dolor, que hasta el último momento estuvo pidiendo sin éxito que la trajeran también a Madrid. Es lo que pasa por no tener pasaporte español. Sin embargo, la guineana venció en las peores condiciones al virus que doblegó a su amigo Miguel, con el que había compartido tanto en los hospitales de Liberia.

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Paciencia fue ingresada en Elwa, un lugar al que llaman hospital, en el extrarradio de Monrovia, adonde llevan a los desahuciados del ébola. La mayor parte de los que allí entran sale en bolsas de plástico camino de las fosas o son incinerados. Allí hubiera acabado Miguel de no haber sido evacuado a España. El relato que hace Paciencia de lo que sucede allí dentro, estremece:

“Teníamos un solo baño para todos [59 infectados] y casi siempre estaba atascado y devolvía las aguas fecales. Había que vomitar en cubos de plástico que nos daban a cada uno. No había forma de asearse. No teníamos ventanas y el aire apestaba. Era horroroso. Con frecuencia la gente usaba los cubos para hacer en ellos sus necesidades y recoger las goteras que caían del techo cuando llovía…

Todos los días se llevaban cadáveres, los tenía a mi lado, en los colchones -prosigue Paciencia, enfermera además de religiosa-. Se iba uno y llegaba otro enfermo, extenuado, y se acostaba en la misma cama del muerto. A veces nos separaban con biombos.

Y en aquel suelo de sombras esqueléticas, los gemidos de dolor y sed. Muchos suplicaban agua para aplacar la deshidratación de la fiebre. Yo también. Me daban medio litro al día, pero yo sacaba fuerzas y protestaba y conseguía que me dieran algo más de líquido.”

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Pues sí, la mujer por la que Miguel Pajares se vino llorando a España, creyendo que la dejaba en manos de la muerte, ha sobrevivido casi milagrosamente. Los que sobreviven al Ébola bien atendidos en occidente rozan el 40%. En Liberia, el 10%, uno de cada 10. Y entre los elegidos, Paciencia. Deberías de conocerla, Javier Rodríguez. Miguel me cuenta maravillas de ella. Pero claro, sois tan diferentes…

  • A ti te gusta hablar de libro, conoces -sin dominar, como has demostrado- el Ébola por lo que te cuentan. Paciencia ha estado años en vivo y en directo con la realidad de las personas. Sabe -y siente- lo que eso significa.
  • Estás por encima del bien y del mal. Si tengo que dimitir, dimitiría. Yo llegué a la política comido, no tengo ningún apego al cargo. Afortunadamente, tengo mi vida resuelta. No se trata de tener o no apego al cargo, sino de tener compromiso a fondo con lo que estás lidiando, y parece que no. Paciencia, sin embargo, está comprometida a fondo con la tarea. Sabe que necesita descansar, pero también lo que va a hacer…: «Necesito descansar, pensar y ordenar mi cabeza antes de salir ahí afuera y enfrentarme de nuevo con tanta injusticia, con tanta miseria». Ciertamente no te has jugado nada relevante. Paciencia se ha jugado la vida.
  • Tú y los tuyos entendéis la vida desde parámetros nacionales (ayer estarías encantado con la Fiesta del Pilar, que me lo han chivado…). Paciencia es una mujer guineana que está viviendo en Liberia y que se viene a compartir los anticuerpos de su suero con una española, ciudadana de un país que rechazó que viniera a tratarse y así aumentar sus posibilidades de curación del 10 al 40%… Ciudadana del mundo. Por cierto, una curiosidad, ¿¿¿le habéis dado la tarjeta sanitaria???
  • Javier Rodríguez, te dedicas constantemente a hacer juicios morales. He dicho que podría haber mentido porque ha ocultado los datos, ha tardado días en reconocer que había cometido un error. Si Paciencia tuviera tu misma actitud moral se hubiera planteado si venir a un país que, primeramente, la ha rechazado estando enferma y, en segundo lugar, tiene responsables sanitarios de tu catadura moral.
  • En último lugar, aprende de su discreción. Te gustan los micrófonos “más que a un tonto un lápiz” (es así en castellano?), pues bien, yo desde luego no me he enterado por ella de que está regalando generosamente sus anticuerpos para sacar a Teresa adelante.
  • Javier Rodríguez, Paciencia no lo está pasando nada bien. Ella sabe que ha dejado atrás el infierno, pero no las pesadillas. Afirma que “son tantas las cosas malas que he vivido en aquel barracón, que por las noches no puedo dormir”. “Por las noches me vienen a la cabeza unas imágenes espantosas de aquel lugar”, ha llegado a confesar.

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El Ébola, como todas las situaciones límites, ayuda a sacar o bien lo peor de cada uno o lo mejor de cada persona. Paciencia y Teresa son un magnífico ejemplo de una fantástica cadena de solidaridad. Paciencia asume el riesgo del Ébola por solidaridad con las personas. Su amigo Miguel se infecta y muere, pero pudo ser atendido en su última fase por personas como Teresa quien, voluntariamente, asumió no mirar para otro lado. Y ahora Paciencia, en esa cadena también de generosidad, ayuda a Teresa regalándole sus anticuerpos para que pueda salir adelante. Sí, sin pedir nada a cambio. Estoy segura que no has entendido nada. Con Máster o sin él. Pero cuento con ello.

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¡Ah!, una última cuestión, de anecdotario, que yo cada día creo más en los milagros. Paciencia es trilliza. Su madre decidió poner a cada hijo un nombre que recordara la historia de aquel particular embarazo. Llamó Milagrosa a la primera bebé que asomó la cabeza; Diosdado al segundo peque, porque entendía que tener un varón, en aquella cultura, era un regalo de Dios y a la última, decidió llamarla Paciencia por el tiempo que tuvo que esperar para que la niña asomara el rostro. ¿No será que la vida nos está pidiendo y trayendo Paciencia -y no resignación- en la espera de soluciones, que sin duda no eres capaz de ofrecer?

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Certificado de Paciencia

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